Posted Marzo 10, 2008 by Juan Gonzalez del Solar
Categories: Textos Autotélicos
Cuando corrijo algún texto trato de escuchar hasta que entiendo que el ruido es siempre por exceso. La respuesta es simple, las tijeras. Al principio duele y el ego se resiente, pero con el tiempo siempre coincido con que lo que se acaba es prescindible. Se trata de seguir y de dejar lastre, de estar liviano para lo que tenga que venir apareciendo.
La escritura o la neurastenia –título que me gusta muchísimo y que espero volver a usar– empezó hace siete meses y fue impresionante. Antes, La Lectora y una oportunidad que si no fuera porque no creo que a uno le toque lo que no debe diría que fue demasiado grande. Los blogs son magníficos pero muy complicados; ya estuvo bien, ya entendí que el juego serio te la cobra y que no cabe otra opción: no pretendo correrme pero sí buscar distinto. Me quedo con gente increíble y con algunos momentos demasiado tristes; pero por sobre todo con esa gente, con los comentarios de ustedes que mis textos no se merecían –y esto no es falsa modestia, es inobjetable– pero que igual estaban, como quien le dice adelante y vamos al equipo que pierde por goleada. Estuvo muy bien, pasa que tienen que estar otras cosas y en este mundo darwiniano estamos los que quedamos y los que se hacen más fuertes. Así está bien, hay demasiados blogs y no creo que tanto por decir; o no, soy yo no más el que se quedó seco.
No tengo claro cómo sigue lo mío pero intuyo que no será tan distinto: escribir seguiré escribiendo y tengo invitación para lugares que me superan ampliamente –creo más en los blogs comunitarios, he de decir–, así que con eso imagino que apareceré cada tanto; por otra parte, armaré una barra de herramientas para abrir el Firefox y pasar como siempre la lista que ahora está en mi blogroll –aprovecho para pedir perdón por comentar tan poco: si le hubiera dado más espacio a quienes merecían la pena ahora tendría otras ganas; hice el intento, eso lo aseguro–.
Siento que no hay mucho más para decir pero no quiero dejar de escribir.
Alguien no me creyó alguna vez que agradeciera tanto, le parecía que ocultaba algo y que era mentira algo que no lo era; espero que ese recuerdo también se muera conmigo en los blogs. Hay algo en la virtualidad que complica la comprensión y la tolerancia: uno no tiene los ojos del otro para preguntarle ni para que aclare a tiempo; entonces escribe, y dice, y después es tarde y a algunos se nos complica seriamente. Andamos demasiado necesitados de un espacio; imagino que nos falta en el único lugar en que deberíamos buscarlo.
No hay tristeza, solo cansancio y un fantasma, la opinión de los otros, al que ir atacando desde otros lugares. La vida acomoda las cosas.
A quien quiera, me escribe, ya lo saben; y yo feliz. No habilito ahora los comentarios porque no creo que tenga sentido. Nadie pierde nada y yo gano una paz que ando buscando; desconozco por qué línea corte la próxima angustia o el próximo agotamiento: hoy corto por acá y aunque esté algo triste estoy tranquilo; mi vida está demasiado bien como para que me exponga a cosas que no me interesan y todavía me falta mucho coraje para hablar como quiero y siento: estoy girando sobre vacío y espero de mí algo diferente.
Con el tiempo solo queda lo bueno y lo bueno fueron ustedes, no sé cómo agradecerles. Hoy soy mucho mejor que hace siete meses: nos creo profundamente.
El más fuerte de mis abrazos,
Comentarios recientes